-¿Vas a decirme dónde has estado?
-Por ahí.
-Me has dado un susto de muerte.
No había ira en su voz, ni apenas reproche, sólo cansancio.
-Lo sé. Y lo siento-respondí.
-¿Qué te has hecho en la cara?
-Resbalé en la lluvia y me caí.
-Esa lluvia debía tener un buen derechazo. Ponte algo.
-No es nada. Ni lo noto -mentí-. Lo que necesito es irme a
dormir. No me tengo en pie.
-Al menos abre tu regalo antes de irte a la cama -dijo mi
padre.
Señaló el paquete envuelto en papel de celofán que había
depositado la noche anterior sobre la mesa del comedor. Dudé un instante. Mi
padre asintió. Tomé el paquete y lo sopesé. Se lo tendí a mi padre sin abrir.
-Lo mejor es que lo devuelvas. No merezco ningún regalo.
-Los regalos se hacen por gusto del que regala, no por
mérito del que recibe -dijo mi padre-. Además, ya no se puede devolver. Ábrelo.
[LaSombraDelViento]
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